Es coste Imperial

Parece increíble que se haya volatilizado tan rápidamente la imagen del Occidente triunfante tras la guerra fría ante un Oriente obligado a bajar la cabeza. La escena cumbre de esa sumisión se vio en los Balcanes, donde Rusia no pudo defender a sus hermanos de sangre eslava ante las condiciones de capitulación que la OTAN le impuso a Belgrado, y en menor medida en la Primera Guerra del Golfo, con EEUU enseñoreándose en el rol de policía mundial por todo el Orbe.
El empate técnico que la guerra fría había impuesto a los vencedores de la Segunda Guerra Mundial comenzó a desnivelarse en el año ’73, curiosamente con una maniobra del cuestionado Richard Nixon. Desde los acuerdos de Breton Woods Washington había aprovechado la debilidad europea para imponer su moneda como patrón y medida de cambio occidental. Para ello incauto a las naciones europeas todo su oro como respaldo de la moneda estadounidense. Poco podían hacer esas naciones ante quien les había salvado del infierno nazi. Aún así, Francia reclamó su oro en el año 1973 y Nixon tuvo que salir a decir que “momentáneamente” el Dólar estadounidense dejaba de tener una referencia en la cantidad de oro existente en las bóvedas de la Reserva Federal. Ese momento dura hasta hoy y EEUU emite dinero sin respaldo ni control desde entonces para paliar sus cuantiosos déficits fiscales. En una maniobra digna de un ajedrecista, Henri Kissinger, por entonces Secretario deEestado de Nixon elaboró un acuerdo con el rey Faisal de Arabia Saudita por el cual ese país solo vendía sus barriles en dólares. La medida luego se extendió a toda la OPEP y para el año ’75, previa suba del precio del petróleo, el dólar estadounidense ya tenía y tiene su respaldo para su moneda. Solo un país se atrevió desde entonces a vender petróleo en Euros (entre un 15 y un 20% más rentable), fue Irak a Francia en el año 2000, lo que muchos señalan como el motivo principal de la Segunda Guerra del Golfo (y el inicio de la “Guerra de Divisas” entre EEUU y la UE).
Lo que vino después es más conocido, Nixon se fue en helicóptero renunciado por el Watergate, Kissinger firmó la paz con Vietnam y recibió un inmerecido Premio Nobel por ello (poco después de la firma EEUU lanzó más bombas sobre Hanoi que sobre Berlín en el ’45) y la URSS no pudo aguantar la competencia de tener del otro lado del Muro un dólar financiado por todo el planeta. Reagan y Bush recogieron la victoria del Dólar pero a la vez se quedaron sin su gran oponente. Sin la URSS, los gastos de defensa de USA debían bajar, pero subieron. El enemigo paso a ser el Islam tal cual lo señaló el propio Kissinger
apenas caído el muro, mientras la Pax Americana se imponía en todos los rincones del planeta.
La década de los noventa presagiaba un siglo de dominio norteamericano. Cada vez que alguien compraba un caramelo en Singapur, Tokio, Barcelona o Ankara estaba financiando al dólar. Todo lo producido y circulado en el planeta se producía y circulaba en un 90% con petróleo y sus derivados, y si el petróleo solo se vendía en dólares, toda la economía mundial financiaba la máquina de hacer billetes de Washington. El sistema se retroalimentaba y no tenía fisuras, prometiendo reproducirse hasta el infinito, pero…
Pero ser un imperio tiene su precio y el Imperio Norteamericano no es la excepción. Mientras EEUU emitía dinero para financiar su costosísimo aparato represivo mundial y sus déficits fiscales, confiaba la seguridad de su economía en la Reserva Federal (banco privado que hace las veces de Banco Central de USA) y en los lobistas-apostadores de Wall Stret. El resultado es un sistema bancario abarrotado, una deuda fiscal billonaria e impagable, una economía poco competitiva ante los emergentes y una población que ve rematar sus casas y acortarse sus líneas de crédito sin que el estado pueda ni siquiera aprobar un plan de salud para los menos pudientes (el mentado ObamaCare, por el cual los republicanos rechazan el presupuesto en este momento, llevando a la suspensión del gobierno). La nación que contó y aún cuenta con la ventaja sideral de tener la moneda mundial en su poder desperdiga su oportunidad de encaramarse por muchos siglos como el imperio indiscutido. Es verdad que el mundo antiguo se movía mucho más lentamente que el actual, pero asombra haber pasado en 30 años de un mundo Bipolar, a uno Unipolar y escuchar hablar ahora del Mundo Multipolar.
Políticamente no le va mejor a USA. En todos los rincones del mundo si un líder político quiere ganarse a su pueblo, debe hablar mal de EEUU (el plantón de Dilma Rousseff a Washington es una muestra de ello), las potencias emergentes realizan acuerdos comerciales en sus propias monedas y ya sin tomar la referencia del dólar, como lo prueban los acuerdos entre Japón y China, China y Australia, India e Irán, Brasil con el resto de los BRICS, etc. Mientras eso sucede, China continua cosechando a su favor el panorama, comprando títulos de deuda norteamericanos y siguiendo su “lento asenso hacia la cima”, sin siquiera mostrarse en la foto de los acuerdos por Siria. China deja que otros desgasten su prestigio y sigue su plan, que incluye, entre otras cosas, reemplazar al dólar como moneda global por el Yuan, en una guerra de divisas donde el Euro corre tercero cómodo.
No estamos asistiendo a la caída de un imperio propiamente dicho. EEUU seguirá en la mesa de los grandes por mucho tiempo. El problema de Washington será reeducarse en “ser uno más” y ya no el “primus inter pares”. A la URSS le costó una década aprender el rol y hoy luce como referencia ineludible, pero ya no única.
A tasas de crecimiento actuales, solo una guerra mundial detendrá a China para ser la primera economía en 2018 y Washington lo sabe, pero el pueblo estadounidense quiere vivir en paz sin más ataúdes que llegan desde las bases de Berlín o Rota y ya no aceptan crédulamente los ataques de falsa bandera.
El peligro de la nueva situación es que EEUU levantó como propias banderas como la Democracia o los DDHH, banderas que al mismo tiempo ensució en sus más de doscientos años de vida. Los tanques de guerra que bombardearon el hotel de la prensa internacional en Bagdad terminaron de derrumbar la credibilidad de la Casa Blanca. EEUU ganó esa guerra contra un país sin fuerzas aéreas ni navales, pero perdió la guerra discursiva. Hoy en día Puede señalar al lobo y gritar desesperadamente que se acerca las ovejas, será en balde, ya nadie le cree.
Tiresias

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